DIMENSIÓN INDÍGENA DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL
COMUNICADO
“FELICES LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ, PORQUE SERÁN RECONOCIDOS COMO HIJOS DE DIOS”
(Mt.5, 9)
A las comunidades y pueblos indígenas
A las mujeres y los hombres de buena voluntad
A la Iglesia, Pueblo de Dios, de México
A las Autoridades Federales, Estatales y Municipales de México
A los Obispos de la Conferencia Episcopal Mexicana
Les saludamos: que el Señor les bendiga y les proteja, haga resplandecer su rostro sobre ustedes y les conceda su favor. Que el Señor les mire con benevolencia y les conceda la paz (Núm. 6, 25)
Reunidos en la VII Asamblea Nacional de Pastoral Indígena, en el Centro Indígena de la Santa Cruz, del 17 al 20 de enero de 2011, nos encontramos las hijas y los hijos de los pueblos Náhuatl, Mazateco, Tsotsil, Totonaco, Nahñu – Otomí, Zapoteco, Maya, Tlapaneca, Mazahua, Mixteco, Zoque, y quienes acompañan el caminar de las comunidades indígenas, presidida por el Obispo Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia, responsable de la Dimensión Indígena de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, para reflexionar sobre el aporte de las culturas indígenas en orden a construir la paz en el país.
Viendo la realidad de nuestro país nos duele profundamente, contemplar el sufrimiento de las niñas y los niños que padecen la desintegración familiar, abusos y explotaciones; observar los cuerpos de mujeres y hombres masacrados en Juárez, en Acteal, en Copala, en Guerrero, en Michoacán; mirar a las y los jóvenes sumidos en la desesperanza por el desempleo, por las drogas, por la migración a la que se ven forzados; descubrir a las ancianas y los ancianos que no tienen un lugar digno en una sociedad.
La vida de los pueblos Indígenas se ve continuamente amenazada, como lo dicen los Obispos de América Latina en Aparecida, en su existencia física, cultural y espiritual; en sus modos de vida; en sus identidades; en su diversidad; en sus territorios y proyectos, y sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural ponen en peligro su propia existencia como pueblos diferentes (cfr. Núm. 90)
Para nosotros los y las indígenas la tierra es nuestra Madre, porque nos da de comer y de beber, y vemos con honda preocupación que los gobiernos la consideran como mercancía y la concesionan a empresas trasnacionales, para la explotación voraz de sus recursos naturales provocando una gran contaminación y muerte al medio ambiente y eso rompe la armonía entre la humanidad y la Madre Tierra, y cuando los pueblos se organizan y defienden sus tierras son criminalizados y asesinados.
Todo esto muestra la ausencia de la paz con justicia y dignidad, la desarmonía con la naturaleza, el desequilibrio con la humanidad y contradice el proyecto amoroso de vida de Dios Madre – Padre.
Si queremos promover la paz debemos proteger la creación. Es nuestro deber combatir la pobreza para construir la paz. Estamos convencidos de que la paz verdadera reside en el respeto de los derechos humanos y de los derechos comunitarios. Si queremos la paz debemos respetar la conciencia de los seres humanos. Sabemos que no hay paz sin perdón. Nuestra tarea es ser constructores de la paz. Promover la paz es promover el desarrollo integral y la libertad.
Hemos visto con esperanza como el Magisterio de los Pontífices con el título de sus exhortaciones nos proponen un itinerario, que si lo vivimos obtendremos una paz verdadera: La paz nace de un corazón nuevo. La paz es un valor sin fronteras. Norte-sur, este-oeste: una sola paz. Desarrollo y solidaridad dos claves para la paz. Para construir la paz respeta las minorías. Paz con Dios Creador, paz con todas las creaturas. Si quieres la paz sal al encuentro del pobre. La mujer: educadora para la Paz. Demos a los niños un futuro de Paz. De la justicia nace la Paz. Diálogo entre culturas para una civilización del amor y la paz. No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón.
Desde de la experiencia de cómo nuestros pueblos han vivido, en la asamblea, los delegados fuimos presentando la rica y sabia vivencia sobre el tema de la paz que está presente en el corazón y en la mente de nuestros pueblos:
Para el pueblo Náhuatl, Yolcecehuilistle, expresa “que tu corazón, que el aliento de tu vida, tenga descanso” y la palabra Yolnemilistli dice “que tu corazón en su andar encuentre respeto”. El pueblo Mazateco, con la voz kjua nsian-kjua yuba comunica “que se apague el fuego de los problemas, que se haga transparente para que encuentres la Paz”. El pueblo Tsotsil con la palabra Jun o’ntonal la paz expresa la vivencia de ”tener un solo corazón”. El pueblo Totonaco, con la voz Takaksat dice “la tranquilidad que se construye con los demás” y “el estar atentos a la vida de nuestros pueblos”. El pueblo Nahñu – Otomí con la palabra Nzengua comunica el “saludo de paz” y el signo de bendición y comunión entre las personas, el deseo de que las personas estén bien, viviendo libre sin ningún temor. El pueblo Zapoteco con la palabra Guendanazaaca, expresa lo que nos hace estar bien, física y moralmente como resultado de haber logrado la armonía personal, familiar, social y cósmica. El pueblo Maya, con la palabra Hedz-óol manifiesta la armonía en el alma, en lo espiritual, la armonía con Dios, con la naturaleza y con los hermanos. El pueblo Tlapaneca – Me´phaa con la palabra Mitza dice “bonito” con la palabra Gagi dice “alegre” con la palabra Maja dice “bueno”. El pueblo Mazahua, con la palabra Quimi expresa “bienvenido, a Dios gracias que llegaste” tiene relación con lo sagrado, con la palabra Uiue gume gueramingo se expresa “queremos vivir en paz”. El pueblo Zoque del centro con la palabra Nangu timy shas cota expresa, “que estés bien, que estés contento”. El pueblo Zoque del Norte Chiapas con la palabra Junche ijtu dice “estoy muy bien, estoy en paz”.
Los indígenas entendemos la paz como llegar a tener un solo corazón en lo personal, en la familia, en la asamblea de la comunidad. Para quienes somos indígenas tener paz, es tener a alguien en el corazón. La paz que soñaron nuestros antepasados, creemos que es la paz que coincide con la propuesta del Shalom de Jesucristo, porque la palabra Shalom designa los bienes que constituyen la alegría del corazón, que conlleva a la paz y reconciliación. Shalom expresa el estar perfecto, sano y salvo, tener bienestar, salud, descanso, prosperidad material y espiritual, estar bien con la familia, llegar a tener una muerte serena.
La paz se construye al vivir la armonía con la casa grande del universo. Como indígenas enfatizamos el valor del respeto y la comunión con los hermanos, con la naturaleza, con el Corazón de la Tierra, con el Corazón del Cielo.
Para construir la paz, primero debemos tenerla internamente en nuestro corazón y dentro de nuestro propio hogar, en la familia, con los que nos rodean y si no está arraigada la paz en nuestros corazones no será fácil asumirla.
La resurrección de Jesucristo nos garantiza que la paz en el mundo tiene un mañana, porque nos garantiza el triunfo del amor sobre el odio; de la verdad sobre la mentira, de la justicia sobre opresión.
Se necesitan pensamientos, sentimientos, palabras, actitudes y sobre todo acciones para que las personas y los pueblos edifiquemos la paz.
Nuestros acuerdos de paz, los tejemos los pueblos indígenas en el petate de la comunidad, por eso escuchamos la voz de todos, y nos respetamos todos, y al final respetamos el acuerdo al que todos llegamos.
Nunca se va a lograr la paz en nuestras comunidades y ciudades, si no se termina la ambición y la represión. Como Monseñor Romero, desde esta VII Asamblea de Pastoral Indígena a las empresas nacionales y trasnacionales, a los gobernadores federales y estatales y municipales, a los militares, a los policías, a los legisladores y a los magistrados, les pedimos, les ordenamos, les exigimos, en nombre de Dios, cese ya la represión hacia nuestros pueblos indígenas y la ambición hacia nuestros recursos naturales.
Las comunidades indígenas en nuestro peregrinar por los caminos de la paz, vamos viviendo con flores y espinas, con logros y errores, con dolor, pero con una gran esperanza, porque Dios Liberador, Madre del Amor y Padre de la Esperanza, camina con nosotros que somos su pueblo.
Creemos profundamente que la Paz, como dice Juan XXIII, de feliz memoria, será una palabra vacía si no está fundada en un orden basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad, y, finalmente, realizado bajo los auspicios de la libertad. (PT 167)
Desde el Centro Indígena de la Santa Cruz, Mexico Tenochtitlán a 20 de enero de 2011
ATENTAMENTE
Las y los participantes de la VII Asamblea Nacional de Pastoral Indígena

